Llega a la hora de siempre a Plaza de Armas. Napoleón, su caballito de madera forrado en felpa, está aún desnudo. Con calma le va poniendo el poncho morado altiplánico, mientras prepara la cámara fotográfica. Entre la multitud, los ojitos de un niño miran fijamente a Napoleón. ¡Se viene la primera foto del día! le murmura el fotógrafo al caballo.
El niño se arrepiente, el pollo frito de la esquina llama más su atención.
El hombre mira a Napoleón con pena. El que alguna vez fue un galán francés, hoy está gris por el smog y su poncho, desteñido y amarillento, parece un poco asoleado… ya llegarán más niños, piensa.



quizas a este se le pueda aprovechar un poco mas. la trama esta bien, pero creo que se le pueden agregar mas cosas, en fin, saludos